Fundación bajo el presidente municipal José María Morelos
Plaza decimonónica de cinco hectáreas y media en el corazón del Monterrey antiguo, fundada en 1861 por iniciativa del presidente municipal José María Morelos. La gobernación de Bernardo Reyes la redujo a la mitad en 1886; el porfiriato la rebautizó en 1888; la revolución mexicana le dio su nombre actual en honor al general que combatió la intervención francesa. En sus paseos se presentó el primer automóvil de la ciudad en 1906 y se celebraron mítines encabezados por Francisco I. Madero antes del estallido de 1910.
El presidente municipal José María Morelos —no el insurgente, sino su tocayo del siglo XIX— impulsó la creación de la alameda en un momento en que Monterrey todavía era una ciudad pequeña, alejada del eje político del centro del país y dependiente del comercio fronterizo con los Estados Unidos. La traza original abarcaba un cuadrángulo amplio: de Pino Suárez a Villagrán de oriente a poniente y de Espinosa a Washington de norte a sur.
El paseo se inauguró siguiendo la convención afrancesada de la época: andadores radiales, plazoletas circulares, fuentes ornamentales y arboledas formales. Era el primer espacio público diseñado intencionalmente como zona de encuentro de la naciente clase media regiomontana.
Bernardo Reyes reduce el paseo a la mitad
La administración del general Bernardo Reyes —gobernador y figura central del porfiriato regiomontano— ejecutó en 1886 una decisión que cambió la fisonomía del paseo de manera irreversible. La superficie original quedó reducida a la mitad: una parte se vendió a particulares y la otra se destinó a la construcción de una penitenciaría, que más tarde sería ocupada por una agencia automotriz.
Dos años después, en 1888, la administración volvió a intervenir el espacio. Tras la asunción de Porfirio Díaz a la presidencia, la alameda recibió su nombre. La visita personal del general en 1898 consolidó la nueva identidad del paseo y reactivó su uso como zona ceremonial.